viernes, 27 de diciembre de 2013

Victoria, el alma del Imperio. Capítulo 4: un duro golpe.

Victoria y Alberto con sus hijos en 1857.
De izquierda a derecha: Alicia, Arturo, Alberto, Enrique, Leopoldo, Luisa, Victoria con Beatriz en brazos, Alfredo, Victoria y Elena.
El éxito de la Exposición Internacional en 1851 favoreció que la popularidad de la Reina y la influencia del Príncipe fueran en aumento, más aún cuando, en ese mismo año, lord Palmerston, ministro de Asuntos Exteriores, fue apartado. Seguramente la actitud de Palmerston, que actuaba a menudo sin consultar a Victoria o al Primer Ministro Russell poniendo en peligro, en más de una ocasión, las relaciones diplomáticas del país y comprometiendo su política internacional, hizo que la Reina no favoreciera al gobierno whig, que en 1852 fue sustituido por un gobierno a cuyo frente se situó lord Stanley, conde de Derby.  La andadura tory fue muy corta y ese mismo año se formó un gobierno de coalición entre los whigs y los seguidores de sir Robert Peel, con George Hamilton-Gordon como Primer Ministro.

Victoria y Alberto, 1854
En 1854 Francia y Gran Bretaña declararon la guerra a Rusia en el marco de la Guerra de Crimea (1853-1856) y a pesar de la victoria aliada sobre el Imperio Ruso, el gobierno del conde de Aberdeen fue duramente criticado e incluso el príncipe Alberto fue acusado de traición. Todo ello provocó que en 1855 Victoria se viera obligada a encargar a lord Palmerston la formación de un gobierno ya que ninguno de los otros candidatos de su Majestad (Derby y Russell) consiguieron el apoyo suficiente.

Ese mismo año se terminó la rehabilitación de Balmoral House, una pequeña residencia enclavada en el Condado de Aberdeen donde Victoria y Alberto pretendían alejarse del ajetreo de Londres, algo que la residencia de Osborne ya no podía ofrecerles. La situación del país se estaba mostrando muy agitada, tanto a nivel interior como exterior (tras la guerra de Crimea, la unidad de Italia y la cuestión de Prusia inundaron la política internacional), y por eso Victoria y Alberto sentían la necesidad de alejarse pues consideraban que estaban dedicando cada vez menos tiempo a la diversión y el asueto. Victoria deseaba pasar el mayor tiempo posible con su amado esposo pero pese a todo, no olvidaba sus labores de Reina.

Osborne House, hacia 1910.
En 1857 a la vista de los problemas que podía plantear la posición de Alberto, Victoria lo nombró Príncipe consorte, en parte también porque anteriormente en el Parlamento los líderes whig y tory habían manifestado su apoyo y aprobación a que Alberto se convirtiera en consejero de la Reina en cuestiones de Estado. Años más tarde, cuando estalló la guerra civil en Estados Unidos (1861) Alberto intervino para modificar un borrador que lord Russell había presentado a la Reina y que provocaría inevitablemente la implicación del Reino Unido en el conflicto. El Príncipe se había mostrado sumamente implicado e interesado en todas las cuestiones que afectaban a su esposa y a su país desde el momento mismo del matrimonio, pero sus fuerzas estaban empezando a flaquear.

Victoria y Alberto en 1861,
poco antes de su fallecimiento
.
El 14 de diciembre de 1861, Alberto moría a los 42 años, a causa de unas fiebres tifoideas. Victoria, que en enero de ese mismo año había perdido a su madre (de la cual se vio alejada por las malicias de sir Conroy y la baronesa Lehzen)  se sumió en una profunda tristeza y en un luto casi permanente (a partir de entonces el negro estaría siempre presenta en su vestimenta). Además, en los años siguientes vivió recluida, lo que le valió el apodo de ‘Viuda de Windsor’ y rara vez pisó Londres. Victoria era, ante todo, una mujer enamorada que había perdido a su compañero y su recuerdo se mantiene vivo aún hoy, gracias al Albert Memorial de Hyde Park que, encargado a Gilbert Scott, fue inaugurado en 1872 [1].

Alberto se había convertido en una pieza clave para Victoria y para el funcionamiento del país y sin él, la Reina se encontraba desorientada, tal y como se había encontrado Alberto a su llegada a Londres tras su matrimonio, tan solo veinte años atrás. Esa turbación en la que estaba sumida Victoria se evidenció en varias ocasiones. En los primeros momentos tras la muerte de su marido Victoria se negó a recibir a sus ministros, siendo la princesa Alicia quien actuara de intermediaria. Años más tarde, en 1864, cuando Prusia y Austria declararon la guerra a Dinamarca por la cuestión del territorio de Schleswig-Holstein, Victoria se mostró completamente desinteresada, invocando a la sagrada causa de la paz.

Albert Memorial, Londres.
Así las cosas, a finales de la década de 1860 dos personajes dominarán la escena política: William Gladstone (whig) y el tory Benjamin Disraeli, conde de Beaconsfield. Disraeli llegó al gobierno en 1866 como ministro de Economía y dos años después, tras la dimisión de lord Derby, se convirtió en Primer Ministro. La relación de Victoria y Disraeli fue muy estrecha, no solo por las continuas adulaciones de éste hacia su Majestad, sino que además Victoria consideraba que el conde de Beaconsfield era el único que había entendido sus sentimientos ante la muerte de Alberto. El corto mandato de Disraeli dio lugar a un gobierno dirigido por Mr. Gladstone en el que se sucedieron las reformas (destaca la promulgación de la Trade Union Act en 1871) y que a nivel internacional asistió a la inauguración del Canal de Suez y la llegada de Otto von Bismarck a la cancillería del Reich.

Victoria, de luto, en 1865

Pero el mayor problema de Victoria en estos años fue el creciente sentimiento republicano que surgió como consecuencia de su desidia en las labores regias tras la muerte de Alberto. La Reina era atacada por los ministros, por la prensa y ahora también por el pueblo. Sin embargo, el descontento popular desapareció en 1872 cuando Victoria sobrevivió a un nuevo atentado[2], del que salió ilesa y por el que Arthur O'Connor pasó varios meses en prisión.

Tras el incidente, la fatalidad se apartó del lado de la Reina. En las elecciones de 1874 Disraeli obtuvo una victoria aplastante sobre los whigs y durante seis años se convirtió en el artífice de la relevancia internacional que iba a adquirir Victoria.






[1] Además del Albert Memorial, Victoria ordenó la construcción del Royal Albert Hall frente al primero. Los monumentos en memoria del Príncipe consorte, además, se reparten por la geografía británica: Edimburgo, Manchester...
[2] En 1840, al poco de su boda y embarazada de su primera hija, estaba paseando en carroza con Alberto cuando Edward Oxford disparó dos veces contra la Reina, fallando ambos tiros, aunque a punto estuvo de alcanzar a Alberto. El joven fue juzgado pero finalmente hubo de ser liberado al considerar que estaba loco.

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