lunes, 16 de diciembre de 2013

Victoria, el alma del Imperio. Capítulo 2: Los primeros años de reinado.


Victoria, en su coronación, celebrada el 28 de junio de 1838
 en la Abadía de Westminster


Apenas un mes después de alcanzar la mayoría de edad, Victoria se convirtió en reina de Inglaterra, no así de Hannover, pues allí imperaba la Ley Sálica, por lo que el trono fue ocupado por su tío Ernesto, duque de Cumberland, lo que supuso la definitiva separación de ambos territorios, unidos desde 1714, cuando la casa de Hannover llegó al trono inglés.

Victoria en 1838
La joven reina era prácticamente una desconocida para sus súbditos, pero también para el gobierno y los miembros de la corte. En los albores de su reinado tomó una serie de decisiones que ayudaron a crear una imagen de la joven reina muy diferente a la que habían mostrado sus tíos (Jorge IV y Guillermo IV) anteriormente: se caracterizaba por la prudencia y la discreción. Entre sus primeras decisiones estuvo la de trasladar la residencia real al Palacio de Buckingham (sede que se mantiene en la actualidad), donde expresamente pidió que los aposentos de su madre estuviesen alejados de los suyos. Sin embargo, otras decisiones tomadas por la joven reina pronto hicieron que su popularidad sufriera un duro golpe.

Sir Conroy, consejero personal de la duquesa de Kent (madre de Victoria) fue perdiendo el favor de la soberana al tiempo que la influencia de la baronesa Lehzen, su antigua institutriz, iba en aumento. Fue determinante para ello el escándalo que en 1839 envolvió a Conroy y que lo relacionaba con lady Flora Hastings, dama de compañía de la duquesa de Kent. Decían las malas lenguas que lady Hastings había quedado encinta, fuera del matrimonio, atribuyendo la paternidad a sir Conroy. Victoria hizo caso a los rumores, en parte por el odio que suscitaban  en ella Conroy y Hastings, y apartó definitivamente a éste. El problema surgió cuando lady Hastings, tras muchas presiones, aceptó someterse a un examen médico que determinó que aún no había conocido varón, y se agravó con la muerte de la doncella, pues la autopsia demostró que el bulto en su vientre que había desencadenado los comentarios era en realidad un tumor de hígado.

Victoria, 1843

Ese mismo año Victoria hubo de hacer frente a una nueva tormenta política. Años antes, en 1834, William Lamb, vizconde de Melbourne, se había convertido en Primer Ministro con la ayuda de Leopoldo I de Bélgica, tío de la Reina, llegando a ejercer una gran influencia sobre esta. Victoria había sido criada en el seno de los whigs, por eso se sentía tan cercana a Lord Melbourne y acudía a él en busca de consejo. Éste, dimitió de su cargo en 1839 siendo sustituido por Robert Peel, tory, a quien Victoria se enfrentó a causa de las pretensiones de sir Peel de incorporar al servicio de la reina a damas simpatizantes del nuevo gobierno.  En este momento la configuración de la Corte se regía por un sistema de patronazgo en el que el Primer Ministro elegía su conformación, siendo habitual que el partido en el gobierno eligiera de entre sus partidarios a los sirvientes de la Reina. Victoria, aconsejada por Melbourne, se negó en rotundo y Peel, que se sentía desautorizado, dimitió de su cargo sin siquiera formar gobierno, propiciando la vuelta de lord Melbourne.

En estos momentos Victoria ya estaba dando muestras de su fuerte carácter y de su independencia. Su tío, Leopoldo, intentó utilizar la influencia que poseía sobre Victoria para que siguiera sus pasos en política exterior, pero los esfuerzos del rey de los belgas fueron inútiles.



Sin embargo, para Victoria todos estos asuntos no parecían tener importancia, puesto que en la mente de todos estaba ya la necesidad de organizar la boda de la joven reina.

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