jueves, 26 de diciembre de 2013

El cerco de Oviedo. Cap. 4: asalto y defensa de la ciudad

Concentración de milicianos 
días antes de los combates

Durante los últimos días de septiembre y los primeros de octubre, se comenzaron a concentrar los milicianos en los alrededores de Oviedo en un número nunca visto hasta entonces, dispuestos a la toma de la ciudad.

El día 4 de octubre de 1936, coincidiendo con el aniversario del inicio de la Revolución del 34, las fuerzas que sitian Oviedo comienzan una gran ofensiva que esperan que les lleve a la toma de la ciudad. La ofensiva se inicia de madrugada con un fuerte ataque artillero.

Cuando el cañoneo de la artillería y los proyectiles de la aviación dejan de rugir, se inicia el asalto de la infantería. El ataque es enviado contra todos los frentes, tratando de distraer a las fuerzas de Aranda para evitar que éste pueda enviar reservas cuando se produzca el ataque principal, que se espera en el sector de la Loma del Canto.

Posiciones republicanas en 
San Esteban de las Cruces
El día 5 de octubre se produce un hecho de gran relevancia, pues marca el primer avance de los sitiadores: las tropas de Aranda establecidas en la posición de La Cruz abandonan ese puesto avanzado y refuerzan a los efectivos de la Loma del Canto. Ese día, la mala visibilidad impide la acción de la aviación y la artillería se centra en castigar las trincheras que los defensores han excavado en las principales posiciones del círculo de defensa de la ciudad.

El día 6 de octubre se inician una serie de ofensivas sobre la posición de la Loma del Canto. Los ataques de los milicianos están siempre precedidos por una intensa preparación artillera sobre las posiciones de los defensores. De la crudeza de los combates del día 6 nos da fe un dato: los defensores sufren baja en más de un tercio de los hombres que defendían el sector, estas bajas son repuestas durante la noche, cada vez con más voluntarios.

La posición aún resiste durante el día siete, hasta que, el día ocho, los escasos defensores que aún quedaban en ella, se repliegan sobre la ciudad. Abandonadas las defensas exteriores, la lucha se cierne ya sobre el propio casco urbano de Oviedo.

Los edificios más altos se convirtieron 
en posiciones estratégicas
La defensa de la Loma del Canto llamó la atención de la población ovetense, e incluso, del propio general Aranda, pues nadie se esperaba que la posición pudiese resistir los duros envites de los milicianos. Nadie se explicaba cómo los defensores, mal equipados, y muchos de ellos voluntarios sin experiencia de combate, podían resistir las acometidas de los bravos milicianos que, además, les batían con una artillería cuya colocación dominaba y permitía barrer a la perfección todo el sector.
La realidad era bien distinta: ni los defensores estaban tan mal equipados como podía parecer, ni los sitiadores tan bien como hacían pensar éstos a los sitiados. Y como también se empeñó luego en hacer creer la propaganda nacional.

Lo cierto es que la defensa de la Loma del Canto fue un hecho decisivo de la batalla de Oviedo, ya que logró que los enemigos concentraran sus esfuerzos en tomarla, ya como una cuestión de honor, haciendo que las fuerzas republicanas no concentraran sus esfuerzos en varios frentes a la vez, lo que habría supuesto muchos problemas para los sitiados, incapaces, sin duda, de acudir con refuerzos a varios puntos a la vez. Además, este retraso de los sitiadores, consiguió frenar el avance sobre Oviedo varios días, que fueron excelentemente aprovechados por las columnas gallegas para avanzar a marchas forzadas hacia Oviedo, sabedores de la dura prueba a la que estaba sometida la ciudad.

Con la caída de la Loma del Canto, y la instalación en ella de baterías de artillería y de ametralladoras, gran parte de la ciudad quedaba expuesta de forma directa a los barridos de las ametralladoras, por lo que se hizo especialmente peligroso transitar por sitios como la calle Uría, la calle Toreno o la de Independencia.
 
Dominando el Naranco y sus alturas 
se puede controlar Oviedo
Los siguientes días, el avance de los milicianos continuó en varios sectores del frente, especialmente en San Pedro de los Arcos, la Argañosa y la zona de Los Catalanes. Esos días, las autoridades del Frente Popular, anunciaban que ya poseían Oviedo. 

Los días 11 y 12 de octubre la situación es ya desesperada para los defensores y, Aranda decide retirar a todos los hombres de la línea de defensa exterior. Desde entonces, el frente se establece en la propia ciudad.

Aranda dirigiendo la defensa desde la primera línea
Sin embargo, se mantienen dos posiciones estratégicas para los defensores, porque desde ellas se controla toda la ciudad. Una de ella es la posición de San Pedro de los Arcos, un enclave vital, pues es la única posición, topográficamente favorable para la defensa, antes de la Estación del Norte y la Calle Uría, que durante esos días son fuertemente fortificadas; la otra posición que se mantiene está en el Prado Picón.

El ya general Aranda, se esforzó en retener en su poder estas dos posiciones el mayor tiempo posible, porque su toma por parte de los milicianos y la instalación en ellas de artillería enemiga habría causado un serio perjuicio a los defensores, al permitir que los atacantes bombardearan sin oposición las línea de defensa de la ciudad: desde esas dos posiciones podrían batir fácilmente la zona del Gobierno Civil, el Cuartel de Santa Clara y la Estación del norte, así como cualquier edificio en el que los defensores pretendieran resistir una vez que hubiera caído la ciudad.

Pese a todo, estas posiciones no pudieron mantenerse más de un par de días, ya que los defensores renunciaron a defenderlos y evacuaron a las tropas para concentrarlas en otros sectores.

Los defensores se parapetan 
en el interior de las viviendas
La defensa de la ciudad en los propios barrios de la misma supuso considerables ventajas para los sitiados: dispusieron de refugios más seguros que las trincheras en las ruinas de los edificios, al reducirse el perímetro del cerco se concentró a los soldados y las posiciones pudieron defenderse mejor y, como consecuencia de ambos motivos, las bajas del lado de los sitiados se redujeron considerablemente.

Los cuatro días que restaban para la rotura del cerco (los días 13, 14, 15 y 16), los milicianos concentraron sus ataques en dos sectores: de un lado la Estación del norte y la calle Independencia, donde los defensores lograron resistir; y, de otro lado, la zona de Santo Domingo, donde se llegó a la lucha casa por casa.

Las noticias del avance de las columnas gallegas ayudaban a resistir a los defensores y aguzaban el espíritu combativo de los atacantes, sabedores unos y otros de que sólo era cuestión horas que la ciudad cayera o se salvara.

El día 17, para sorpresa de los defensores, la actividad enemiga se redujo a fuego de artillería desde las posiciones de San Estaban, pero no hubo ningún avance enemigo. Al fin, a mediodía, los defensores de Oviedo comprendieron lo que pasaba. Sobre el Naranco se veía a los moros, y se daba por sentado que eran la vanguardia de las columnas gallegas.

Principales puntos del ataque republicano. 
En negrita las posiciones de los nacionales

El día siguiente, 18 de octubre, las fuerzas nacionales procedieron a recuperar las posiciones perdidas ante la ofensiva de octubre, con lo que se restablecía el cinturón defensivo de Oviedo ideado por Aranda. La ruptura del cerco permitió la llegada de suministros y vacunas contra el tifus. Asimismo, la creación del “pasillo de Grado”, permitió la evacuación de buena parte de la población, incluyendo heridos, hacia las posiciones nacionales del occidente. Buena parte de estos evacuados recalaron en Luarca, convertida entonces en capital de la Asturias nacional.

En efecto, Oviedo continuó siendo una ciudad sitiada hasta el final de la guerra en Asturias, un año después. Pero las tropas de la República ya no pudieron centrar sus fuerzas, de forma exclusiva, sobre la ciudad, al tener que atender a más frentes.


No obstante, la ciudad aún viviría otra gran ofensiva, la que se produjo en el mes de febrero de 1937, coincidiendo con el aniversario de las elecciones ganadas por el Frente Popular. Previamente, en noviembre, se había lanzado una ofensiva contra el “pasillo de Grado”, en un intento de volver a dejar aislada a la ciudad como paso previo a su conquista.

Algunos barrios de la ciudad quedaron 
completamente destrozados

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