![]() |
El Barón Rojo, un héroe de leyenda |
En todas las guerras surgen héroes y villanos, personajes que
son capaces de realizar los actos más sublimes de heroísmo o de cometer las más
terribles atrocidades. Los héroes por antonomasia de la I Guerra Mundial son, sin lugar a dudas, los ases de la aviación, personajes ensalzados por los suyos
y respetados por el enemigo. Entre todos ellos descuella la egregia figura de
Manfred von Richthofen, más conocido por su apodo de batalla, el Barón Rojo.
Manfred nació en Breslau, capital de Silesia, el 2 de mayo de
1892. Fue el mayor de tres hermanos, convirtiéndose por tanto en el heredero
del título familiar, pues provenía de una aristocrática familia de
terratenientes. Tratando de emular a su padre, que había pertenecido a la
caballería prusiana, Manfred se incorporó en 1909 a la Academia Militar, donde
alcanzó el grado de teniente del Primer Regimiento de Ulanos. En 1914, con el
estallido de la Gran Guerra, su unidad fue movilizada hacia el frente
occidental. Pero pronto quedó constatada la inoperancia de la caballería en el
nuevo estilo de guerra: trincheras, alambradas y ametralladoras impedían que la
caballería se emplease como antaño, por lo que el regimiento de Manfred fue
destinado a la intendencia de los soldados del frente y a servir como enlace.
![]() |
Derribando a un enemigo |
Hastiado por la rutina de una vida carente de emoción, von
Richthofen pidió su traslado a la Fuerza Aérea Imperial. Le fascinaban aquellos
aparatos que elevaban al hombre a los cielos, donde se batían en duelos
mortales con sus oponentes. Tras el preceptivo paso por la Academia de pilotos,
donde no mostró grandes cualidades, fue destinado al Frente Oriental con la
misión de llevar a cabo patrullas de reconocimiento, sin ninguna posibilidad de
entrar en combate, pues los rusos carecían de unidades aéreas.
Los duelos aéreos eran contemplados por los aburridos
soldados de tierra desde las trincheras, lanzando vítores y animando a los
suyos. La antigua caballería había sido reemplazada por la caballería del aire,
y sus combates se convirtieron en auténticas justas.
![]() |
Manfred von Richthofen con la cruz Pour le Mérite |
Sin embargo, muy pronto, su vida iba a cambiar. En el otoño
de 1915 conoció a Oswald Boelcke, el gran as de la aviación alemana en aquellos
tiempos. Boelcke le convenció para que le acompañara al Frente Occidental y se
incorporara a su escuadrón de cazas de combate. Manfred le hizo caso, y en abril de 1916 derribó su primer avión enemigo. Desde entonces, no cesaría de acumular méritos y honores en su expediente militar, convirtiéndose en el lugarteniente más
capaz de Boelcke. Manfred y su biplano Albatros,
parecían uno solo. En octubre falleció Boelcke, y Manfred fue patrocinado para
ocupar la posición del que hasta entonces fuera su maestro. Boelcke acumulaba
40 victorias, y Manfred prometió que superaría la cifra del que, hasta entonces,
era el mejor piloto de la guerra. Sin la tutela de nadie, von Richthofen se
sintió libre para realizar todas las acciones que hasta entonces no le habían
sido permitidas, derribando cada vez a más y más enemigos. Poco después de la
muerte de Boelcke obtuvo su 11ª victoria al derribar a Lanoe Hawker, un as de
la aviación británica.
En enero recibió la Cruz Pour le Mérite, la más alta
distinción del Ejército Alemán. También por esa época fue trasladado de unidad,
otorgándosele el mando de la Jasta 11, una unidad poco eficaz. La llegada de von
Richthofen revolucionó a la Jasta 11: ordenó pintar su avión de rojo para que
el enemigo supiera con quién se enfrentaba, imprimió disciplina a sus hombres y
les infundió coraje al relatarles sus hazañas. Fue en ese momento cuando adquirió su famoso sobrenombre, por su origen noble y el color de su avión. Los resultados comenzaron a
cambiar, y el Jasta 11 se convirtió en la unidad más temida por franceses e
ingleses, que pusieron un precio de 5.000 libras a la cabeza del petit rouge. Para confundir al enemigo, los hombres del Jasta 11 pintaron sus aviones de colores. Fue el llamado "circo volante" del Barón Rojo.
En la primavera de 1917, von Richthofen recibió el mando del
primer ala de cazas de la historia, comandando los Jasta 4, 6, 10 y 11. En un
año, consiguieron 644 victorias con la pérdida de sólo 56 aparatos. Sin
embargo, el 7 de julio el Barón Rojo fue gravemente herido en la cabeza. El
Alto Mando alemán pensó en retirarle definitivamente para conservar viva su
leyenda, pero Manfred se negó en rotundo. Sin haberse recuperado del todo, y
con la cabeza vendada, no tardó en reincorporarse.
Los hombres comprendieron que su líder era un auténtico
héroe, un ejemplo de entrega y combatividad, por lo que comenzaron a imitarle.
Por eso en esta época, la nómina de ases de la aviación alemana creció
enormemente entre los discípulos de Manfred von Richthofen. El 20 de abril de
1918 el Barón Rojo consiguió su 80º victoria. Había duplicado la cifra
alcanzada por Boelcke.
El 21 de abril realizaría su última misión. En una ronda de
reconocimiento su unidad se encontró con una escuadrilla enemiga. Mientras
perseguía un avión enemigo, no se percató de la presencia de un avión a su cola
y fue derribado. Eso fue al menos lo que pareció al principio, sin embargo, más
tarde se supo que Manfred von Richthofen fue derribado por el fuego antiaéreo, y no por el avión del capitán Roy Brown.
![]() |
El último duelo de von Richthofen |
Su aparato cayó en las líneas francesas, donde fue enterrado con todos los honores, como si se tratase de uno de los suyos. En la
lápida del Barón Rojo grabaron la siguiente inscripción: Aquí yace un valiente, un noble adversario y un verdadero hombre de
honor. Que descanse en paz.
Los hombres formados por von Richthofen continuaron luchando, convirtiéndose en auténticos ases. Algunos de sus discípulos se hicieron tremendamente populares, como su hermano Lothar o Hermann Göring, que llegará a ser Ministro del III Reich.
![]() |
El "circo volante" |
No hay comentarios:
Publicar un comentario