domingo, 29 de diciembre de 2013

Inquilinas de la Casa Blanca: Eleanor Roosevelt

Eleanor Roosevelt
Eleanor Roosevelt es, casi con certeza, la Primera Dama que más simpatía despierta en los Estados Unidos. Junto a su marido, vivió una de las épocas más difíciles de los Estados Unidos, siendo siempre un ejemplo de dedicación y trabajo para millones de mujeres que se esforzaron en emularla.

Nacida en Nueva York en 1884, conoció a Franklin Roosevelt en 1902, y tras mantener un romance secreto durante un año (hay que tener en cuenta que eran primos en quinto grado, y que el Presidente de entonces, Theodore Roosevelt, era pariente de ambos), y contrajeron matrimonio a pesar de la oposición de la familia. El ya matrimonio Roosevelt, que tendría cinco hijos, comenzaba a dar muestra de una fuerza y una tenacidad que les haría sobreponerse a cualquier vicisitud.

Los Roosevelt con sus trece nietos,
enero de 1945
Además del cuidado de los hijos, Eleanor comenzó pronto a interesarse por la política. Fue una ferviente defensora de los derechos de la mujer, escribió libros, pronunció conferencias y trató de hacer llegar su voz y su mensaje a todos los rincones de la nación.

Practicando una de sus 
aficiones preferidas, el tiro.
Más tarde, todas las personas que conocieron a Eleanor Roosevelt en sus años como Primera Dama de los Estados Unidos de América, coinciden en afirmar que era una mujer constantemente ocupada. Iba caminando a todos sitios, o mejor dicho, corriendo. Cuando se encontraba en Washington era frecuente encontrársela por la calle, pues caminaba todos los días las diez manzanas que separaban la Casa Blanca de su oficina en Dupont Circle. Además, nunca permitió que la acompañara ningún miembro del Servicio Secreto.

En una alocución al país
Los Roosevelt, y en especial Eleanor, también destacan por su don de gentes, no dudando en invitar a la Casa Blanca a todos aquellos personajes (políticos, literatos, periodistas, actores…) que les resultaran de interés. Ninguna pareja presidencial ha agasajado jamás a tantos invitados. Es cierto que eso se debe a que Roosevelt estuvo, excepcionalmente, doce años en la Presidencia, pero también se debe a que los Roosevelt era un matrimonio adinerado. En la Casa Blanca, las cenas, bailes o fiestas privadas (es decir, que no sean en representación de los Estados Unidos) deben ser costeados con el peculio privado del Presidente.

Los mandatos presidenciales de Franklin Delano Roosevelt coinciden con los dos periodos más conflictivos de la Historia de Estados Unidos. A principios de la década de 1930, el país se encontraba azotado por la crisis económica nacida del crack bursátil de 1929. Más tarde, tuvo que hacer frente a una doble amenaza en la II Guerra Mundial: los alemanes en Europa y los japoneses en Asia y el Pacífico.

En la época en la que su marido accedió al poder, el transporte aéreo todavía no se había generalizado, así que Eleanor siempre utilizaba el tren o el autobús en sus desplazamientos por la nación. Por supuesto, los billetes eran pagados por ella misma. Sus viajes a lo largo de la nación para patrocinar el New Deal se hicieron frecuentes y muy famosos, pues los reporteros que cubrían sus actos apenas podían seguir el ritmo de la incansable Primera Dama.

Ya en el trascurso de la guerra, no dudó en utilizar el avión para desplazarse a visitar a los soldados estadounidenses en el Pacífico. Dado que su marido estaba impedido, ella se convirtió en la representante oficial del Presidente, viajando para consolar e infundir ánimo a las tropas.

Condecorando a un soldado, 
septiembre de 1943
Nueva Caledonia, frente del Pacífico
Por lo que respecta al gobierno doméstico de la Casa Blanca, a diferencia de otras Primeras Damas, no se preocupó en exceso por la decoración de la casa (es habitual que cada Primera Dama, redecore la Casa a su gusto), ni tampoco por la limpieza. Tal es así que cuando Mrs. Truman llegó a la Casa Blanca, comprobó, horrorizada, que había telarañas en muchas habitaciones. Los Roosevelt utilizaban la Casa Blanca como un lugar de trabajo, sin hacer ostentación. De su periodo es una de las innovaciones que más juego han dado, la construcción de la piscina presidencial. Fue construida dentro de la Casa Blanca gracias a las donaciones de una campaña escolar que pretendía ayudar al Presidente a tratar la poliomielitis que le afectaba. No solo la utilizaría Roosevelt, sino que Truman, Eisenhower, Kennedy y Johnson también hicieron uso habitual de ella, hasta que Nixon decidió eliminarla.

Lo que sí hizo Eleanor Roosevelt fue transformar la Casa Blanca para facilitar los movimientos de la silla de ruedas de su marido. Se construyeron todo tipo de rampas para salvar escalones y se instalaron dos ascensores. Además, la sala de prensa se dotó de toda una escenografía que enmascaraba la parálisis del Presidente. Las puertas de la estancia fueron dotadas de unas cortinas opacas. Cuando el Presidente llegaba tras ellas, la silla de ruedas era ocultada y el Presidente era incorporado para, del brazo de alguien, además de ayudado por su bastón, esperar a que abrieran las puertas y caminar los escasos metros que le separaban del estrado. Una vez allí, se apoyaba con los brazos para mantenerse en pie mientras conferenciaba.

Presentando a Truman 
la bandera de la ONU
7 de septiembre de 1950
Con la muerte de su marido el 12 de abril de 1945, Eleanor no pasó al segundo plano habitual al que se ven relegadas todas las ex primeras damas. En su lugar, participó activamente en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y en la organización de las Naciones Unidas, el gran empeño de su marido. Fue entonces cuando Truman denominó a Mrs. Roosevelt como la Primera Dama del Mundo, por sus incansables viajes a lo largo y ancho del planeta defendiendo las incipientes Naciones Unidas.

Cuando Kennedy llegó a la presidencia, Eleanor Roosevelt contaba ya 77 años. A pesar de ello, se ofreció a colaborar con el Presidente en asuntos concernientes a la mujer. La oferta no cayó en saco roto, y Kennedy la nombró Presidenta de la Comisión del Estado de la Mujer. Ocupó el cargo durante un año escaso, pues murió en Nueva York el 7 de noviembre de 1962.

Con Kennedy, 
1 de marzo de 1961

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